
(Esperamos que Stephen King y quien sea de la familia Hitchcoc no nos demande por esto...)
En un largo día, en la lejanía de la circunstancia, se puede ver, mas bien entrañar, el deseo del inmenso sentir de la víspera que se viene, el momento cumbre donde solo y nada mas que aquélla gigantesca alusión se mueve tiernamente en un fraguar de emociones y sentidos, cuan frágiles y poderosos se detienen por un franco momento, temido y soberano se encuentra ahí, pensando en el “sinsentir” y viajando rápidamente en el “sinpensar” de los momentos tiernos y dulces qué se fragmentan frente a el en sus tórridos rituales que divagan entre lo incierto, cuestiones de visión ciertamente en como se mide tan delirante influjo y vasto resquemor, aquí y ahora sin mas ni mas que tan solo el inerte momento que fluye a través y desde entonces por fragmentos que se parten y limitan con sumo pesar y deseo, incertidumbre que muestra para que la concusión no continúe, y sin embargo helo ahí, monstruoso e inmenso disfrutando sórdidamente de su propia autocomplaciencia, como ser, rey y dueño de su pedazo especial y único, por montañas de tesoros que tan solo son como hermosos cojines de oro, sabanas de terciopelo y seda, de su tierra, su vida, su destino para hacer en el y con el su placer y voluntad, cuando lentamente la irrefrenable terminación se encuentra moviéndose lenta pero seguramente hasta el principio de su final, donde sutil y tiernamente, con ligeros movimientos, rezagados respingones y lentas repercusiones, se dispone a despertar, y sin mas que una inocente acción, avanzando lentamente por los caminos de su decisión, con efímera reticencia y valerosa voluntad, abre tiernamente sus ojos, y se dispone a despertar, con sus ojos y sentidos aun con algo de arena, se rueda y levanta, estirando sus alas, recogiendo su espalda larga, y se dispone a cazar...
Entonces viendo y riendo y como inocentes están ahí, caminando por los bosques y pasando por los matorrales, mientras buscan decididamente aquel objeto, marca de deseo y parte de su colección, notable elemento que no podría despilfarrar y que con tanto ahínco y deíctico esfuerzo lograron conseguir, sacudiendo y brincando, el mundo han cambiando, pero ahora por coincidencia, el momento ha llegado, donde con los demás deben de partir, por que el grupo se va a ir, y la franca soledad que los dejaba en la eternidad de un infinito momento donde se entretenían los dos, pero ya no mas, tan solo un suspiro, un fragmento de tiempo más, una mirada traviesa y la callada promesa de pronto volver a empezar...
Y aquí se encuentran, por fin el ansiado momento, el ilimitado goce, el fino placer, como la bebida mas dulce que fluye por la garganta, o como la fruta mas dulce, sencilla, con dulsores tiernos, reales, sin falsos sabores, ni imaginarios olores, sin falsas pretensiones, sin deseos gastados, y promesas rotas, tan simples y honestos como la humanidad en el primero de sus días, se ven ahí, desnudos y tímidos, pero ansiosos y pulsantes, viéndose el uno al otro como un reflejo adornado de lo que cada uno es, iluminado por la mirada de aquel que se tiene enfrente, tan solo, tan desnudo, tan desenmascarado, siendo solo lo que se es, estando ahí, donde el la tierra tiembla y el océano no se sala, donde las riveras son eternos territorios pero no fronteras que dividen el mundo sino tan solo lo alimentan y le dan una variedad, haciéndolo así aun mas interesante y exótico, dando la entrada al inicio, y con una mirada tímida, con un tierno roce, con un exaltado respirar, con un inesperado abrazo, los besos y toques se funden en un mar que se pierde entre los sentidos, dando así a los amantes un lugar mas allá del mundo, y el tiempo coopera, haciendo la noche tan eterna como se desea, aunque siempre se desea más de lo que se tiene, por que en una eternidad que parece un suspiro, pero se sabe inmensa, la luz del primer amanecer de estos nuevos cuerpos que emergen de entre las tersas sabanas de espuma que el mar tejió para estos amantes, entre los sonidos obscuros que la noche guarda con fervorosa devoción, y tan solo la memoria perdida de los tiernos recuerdos podrán traerlos.
Los suspiros y las pasiones seguirán guardados, no entre muros ni océanos, ni siquiera el mundo podrá compartirlos, por que pertenecen tan solo a aquellos que se sumergieron profundamente en los mares de la sensación, y tan solo ellos.
El sol se alza y los amantes se separan, los brazos se sueltan, los suspiros se liberan, y los océanos se regresan al mar, dando vueltas y lidiando, pero con gran seguridad viajando, de nuevo al inicio, pero siempre esperando, que otra vez, dos amantes se encuentren perdidos en su oleaje tierno y cálida tibieza, para cobijarlos bajo el manto de la obscuridad nocturna y arrullarlos en su cariñoso vaivén, mientras ellos se pierden entre si y para si una vez mas y la eternidad vuelva a comenzar...
Cuan profundos son los truenos y cuan lentos son en irse, el temblor que recorre desde la punta de los dedos hasta la base de la espalda, contagiando con esa mezcla entre nerviosismo y exactitud, afrontando ver a la cara y a los ojos al destino, aceptando con humildad y con desdén lo que sea que el tiempo quiera, justo ahí, se para, con los sonidos del tronar y del silbido aún en sus oídos, con el sentimiento de frío que recorre su piel desde su nuca hasta los dedos, dividiendo su destino, congelado ante lo inminente, y rompiéndose a si mismo, se mueve, con gran fluidez y un rígido proceder, seguro y certero, hace lo innegable, procede a lo indecible y no mas que lo necesario siempre siendo demasiado y sin mas, continua, avanzando entre las tinieblas, mirando y observando, seguro e intranquilo, y tan solo se da... se da ante el destino, se da ante la vida, se da ante la muerte que aún lo reniega, e inseguro pero decidido solo camina, entre los tronidos, los chillidos, los gritos que vuelven a la noche en un inmenso caos, donde todo y todos son tan solo un remolino y después nada hay, mas que tan solo, la lúgubre soledad, compañía de aquellos que ya no están, que broma tan torcida del destino, que lo hace brillar en la obscuridad cuando no hay más luz que la suya, por que todas las demás se extinguieron entre las inagotables erupciones de todo alrededor, como la calma que sigue a la tormenta, como el silencio marcado posterior al rugido de la bestia mas temible, y con el alma vacía, drenada por tanto y tan poco, en tanto y tan poco tiempo, ya no hay mas, tan solo un cuerpo vacío, que fue vaciado por verse a si mismo frente a los demás y quedarse ahí, donde los demás ya no están, donde tan solo hace unos momentos eran realidad y ahora solo son recuerdos perdidos y que nunca se mencionaran, tanto y tan poco, que tan solo camina por la obscuridad para perderse y sin saber cuantas veces eso pasaría hasta que el tan solo el olor de la humedad, le enseñaría que llegaba la tormenta y con tal crudeza, que nada la haría pasar, y después, ni siquiera dejar, ya que al final, el agua ya no mojaba, y el frío ya no quemaba, no había nada, nada más que un alma vacía en una carcasa joven que caminaba sabiendo la verdad y no importando nada ni nadie mas....
El viaje por las praderas del pasado, las presas de antaño, los olores de viejo, ese mismo sentir que se exacerbaban cuando se era el cazador, y aunque aun no se es la presa, ya no mas, el saber que no hay cazas en el terreno, que hasta donde alcanza la vista ya lo ha oído, olido y sabido todo, desde los tiernos lugares, los efervescentes manantiales de juventud, hasta las escabrosas laderas que dan vuelta en la orilla del mundo, que las tierras aquí son yermas y que viajar a otros parajes es la única forma, que el pelear y el cazar se pierde si no se practica, que el exuberante elixir de la presa cazada, con la sangre tibia, con su fino aroma, y la fiel adrenalina que viaja y explota, desprendiendo su aroma a través de los campos se ha ido, solo la ansiedad de su cabeza, y el vacío en su corazón le permiten recordar esos grandes tiempos, donde ahora, todos saben y solo el recuerda en esencia, fragmento por fragmento, aún, de su mente no resbalan los recuerdos ni se pierden los detalles, de los momentos, de las presas, de las sensaciones, pero se extrañan, y pregunta ¿a dónde fue la sangre de cazador?. Esa sangre que se derramo tantas veces, y se perdió a ríos a través de valientes desquicios donde el instinto dominaba a la razón, donde se sabia la caza y se deseaba su encuentro, por peligrosa y mortífera que esta fuera, y aun regresando con ella en las fauces, ahora solo las tierras frías, las casas vacías, los campos restringidos por la ignominia o la indolencia, aun, el cazador es joven solo que esta aburrido, por que no hay ahora nada para el, o eso piensa aquel que alguna vez tomo presas a diestra y siniestra, desde austeras hasta “deidíticas” victimas, sin embargo, siente, que por mas bosques que se hayan cruzado, por mas sangre que a través de su boca, cuello, vientre, la sangre misma que pulsa dentro de su propio corazón haya derramado... sin embargo así, sabiendo su destino cercano y distante, todo y nada, el dragón, cierra sus ojos, lenta y gentilmente, cansado, sabiendo que no hay mas que esperar, para que este invierno que parece eterno solo llegue a su fin, y con sabia decisión, se recarga sobre si mismo, y colocando sus manos enfrente y su rostro lentamente dejándose caer, vuelve a su vigía meditabunda y a su profundo sueño, dando tiempo al deseo y soñando con la mañana del porvenir....
(Los dragones no se han extinto, tan solo que se han dejado de mostrar...)
En un largo día, en la lejanía de la circunstancia, se puede ver, mas bien entrañar, el deseo del inmenso sentir de la víspera que se viene, el momento cumbre donde solo y nada mas que aquélla gigantesca alusión se mueve tiernamente en un fraguar de emociones y sentidos, cuan frágiles y poderosos se detienen por un franco momento, temido y soberano se encuentra ahí, pensando en el “sinsentir” y viajando rápidamente en el “sinpensar” de los momentos tiernos y dulces qué se fragmentan frente a el en sus tórridos rituales que divagan entre lo incierto, cuestiones de visión ciertamente en como se mide tan delirante influjo y vasto resquemor, aquí y ahora sin mas ni mas que tan solo el inerte momento que fluye a través y desde entonces por fragmentos que se parten y limitan con sumo pesar y deseo, incertidumbre que muestra para que la concusión no continúe, y sin embargo helo ahí, monstruoso e inmenso disfrutando sórdidamente de su propia autocomplaciencia, como ser, rey y dueño de su pedazo especial y único, por montañas de tesoros que tan solo son como hermosos cojines de oro, sabanas de terciopelo y seda, de su tierra, su vida, su destino para hacer en el y con el su placer y voluntad, cuando lentamente la irrefrenable terminación se encuentra moviéndose lenta pero seguramente hasta el principio de su final, donde sutil y tiernamente, con ligeros movimientos, rezagados respingones y lentas repercusiones, se dispone a despertar, y sin mas que una inocente acción, avanzando lentamente por los caminos de su decisión, con efímera reticencia y valerosa voluntad, abre tiernamente sus ojos, y se dispone a despertar, con sus ojos y sentidos aun con algo de arena, se rueda y levanta, estirando sus alas, recogiendo su espalda larga, y se dispone a cazar...
Entonces viendo y riendo y como inocentes están ahí, caminando por los bosques y pasando por los matorrales, mientras buscan decididamente aquel objeto, marca de deseo y parte de su colección, notable elemento que no podría despilfarrar y que con tanto ahínco y deíctico esfuerzo lograron conseguir, sacudiendo y brincando, el mundo han cambiando, pero ahora por coincidencia, el momento ha llegado, donde con los demás deben de partir, por que el grupo se va a ir, y la franca soledad que los dejaba en la eternidad de un infinito momento donde se entretenían los dos, pero ya no mas, tan solo un suspiro, un fragmento de tiempo más, una mirada traviesa y la callada promesa de pronto volver a empezar...
Y aquí se encuentran, por fin el ansiado momento, el ilimitado goce, el fino placer, como la bebida mas dulce que fluye por la garganta, o como la fruta mas dulce, sencilla, con dulsores tiernos, reales, sin falsos sabores, ni imaginarios olores, sin falsas pretensiones, sin deseos gastados, y promesas rotas, tan simples y honestos como la humanidad en el primero de sus días, se ven ahí, desnudos y tímidos, pero ansiosos y pulsantes, viéndose el uno al otro como un reflejo adornado de lo que cada uno es, iluminado por la mirada de aquel que se tiene enfrente, tan solo, tan desnudo, tan desenmascarado, siendo solo lo que se es, estando ahí, donde el la tierra tiembla y el océano no se sala, donde las riveras son eternos territorios pero no fronteras que dividen el mundo sino tan solo lo alimentan y le dan una variedad, haciéndolo así aun mas interesante y exótico, dando la entrada al inicio, y con una mirada tímida, con un tierno roce, con un exaltado respirar, con un inesperado abrazo, los besos y toques se funden en un mar que se pierde entre los sentidos, dando así a los amantes un lugar mas allá del mundo, y el tiempo coopera, haciendo la noche tan eterna como se desea, aunque siempre se desea más de lo que se tiene, por que en una eternidad que parece un suspiro, pero se sabe inmensa, la luz del primer amanecer de estos nuevos cuerpos que emergen de entre las tersas sabanas de espuma que el mar tejió para estos amantes, entre los sonidos obscuros que la noche guarda con fervorosa devoción, y tan solo la memoria perdida de los tiernos recuerdos podrán traerlos.
Los suspiros y las pasiones seguirán guardados, no entre muros ni océanos, ni siquiera el mundo podrá compartirlos, por que pertenecen tan solo a aquellos que se sumergieron profundamente en los mares de la sensación, y tan solo ellos.
El sol se alza y los amantes se separan, los brazos se sueltan, los suspiros se liberan, y los océanos se regresan al mar, dando vueltas y lidiando, pero con gran seguridad viajando, de nuevo al inicio, pero siempre esperando, que otra vez, dos amantes se encuentren perdidos en su oleaje tierno y cálida tibieza, para cobijarlos bajo el manto de la obscuridad nocturna y arrullarlos en su cariñoso vaivén, mientras ellos se pierden entre si y para si una vez mas y la eternidad vuelva a comenzar...
Cuan profundos son los truenos y cuan lentos son en irse, el temblor que recorre desde la punta de los dedos hasta la base de la espalda, contagiando con esa mezcla entre nerviosismo y exactitud, afrontando ver a la cara y a los ojos al destino, aceptando con humildad y con desdén lo que sea que el tiempo quiera, justo ahí, se para, con los sonidos del tronar y del silbido aún en sus oídos, con el sentimiento de frío que recorre su piel desde su nuca hasta los dedos, dividiendo su destino, congelado ante lo inminente, y rompiéndose a si mismo, se mueve, con gran fluidez y un rígido proceder, seguro y certero, hace lo innegable, procede a lo indecible y no mas que lo necesario siempre siendo demasiado y sin mas, continua, avanzando entre las tinieblas, mirando y observando, seguro e intranquilo, y tan solo se da... se da ante el destino, se da ante la vida, se da ante la muerte que aún lo reniega, e inseguro pero decidido solo camina, entre los tronidos, los chillidos, los gritos que vuelven a la noche en un inmenso caos, donde todo y todos son tan solo un remolino y después nada hay, mas que tan solo, la lúgubre soledad, compañía de aquellos que ya no están, que broma tan torcida del destino, que lo hace brillar en la obscuridad cuando no hay más luz que la suya, por que todas las demás se extinguieron entre las inagotables erupciones de todo alrededor, como la calma que sigue a la tormenta, como el silencio marcado posterior al rugido de la bestia mas temible, y con el alma vacía, drenada por tanto y tan poco, en tanto y tan poco tiempo, ya no hay mas, tan solo un cuerpo vacío, que fue vaciado por verse a si mismo frente a los demás y quedarse ahí, donde los demás ya no están, donde tan solo hace unos momentos eran realidad y ahora solo son recuerdos perdidos y que nunca se mencionaran, tanto y tan poco, que tan solo camina por la obscuridad para perderse y sin saber cuantas veces eso pasaría hasta que el tan solo el olor de la humedad, le enseñaría que llegaba la tormenta y con tal crudeza, que nada la haría pasar, y después, ni siquiera dejar, ya que al final, el agua ya no mojaba, y el frío ya no quemaba, no había nada, nada más que un alma vacía en una carcasa joven que caminaba sabiendo la verdad y no importando nada ni nadie mas....
El viaje por las praderas del pasado, las presas de antaño, los olores de viejo, ese mismo sentir que se exacerbaban cuando se era el cazador, y aunque aun no se es la presa, ya no mas, el saber que no hay cazas en el terreno, que hasta donde alcanza la vista ya lo ha oído, olido y sabido todo, desde los tiernos lugares, los efervescentes manantiales de juventud, hasta las escabrosas laderas que dan vuelta en la orilla del mundo, que las tierras aquí son yermas y que viajar a otros parajes es la única forma, que el pelear y el cazar se pierde si no se practica, que el exuberante elixir de la presa cazada, con la sangre tibia, con su fino aroma, y la fiel adrenalina que viaja y explota, desprendiendo su aroma a través de los campos se ha ido, solo la ansiedad de su cabeza, y el vacío en su corazón le permiten recordar esos grandes tiempos, donde ahora, todos saben y solo el recuerda en esencia, fragmento por fragmento, aún, de su mente no resbalan los recuerdos ni se pierden los detalles, de los momentos, de las presas, de las sensaciones, pero se extrañan, y pregunta ¿a dónde fue la sangre de cazador?. Esa sangre que se derramo tantas veces, y se perdió a ríos a través de valientes desquicios donde el instinto dominaba a la razón, donde se sabia la caza y se deseaba su encuentro, por peligrosa y mortífera que esta fuera, y aun regresando con ella en las fauces, ahora solo las tierras frías, las casas vacías, los campos restringidos por la ignominia o la indolencia, aun, el cazador es joven solo que esta aburrido, por que no hay ahora nada para el, o eso piensa aquel que alguna vez tomo presas a diestra y siniestra, desde austeras hasta “deidíticas” victimas, sin embargo, siente, que por mas bosques que se hayan cruzado, por mas sangre que a través de su boca, cuello, vientre, la sangre misma que pulsa dentro de su propio corazón haya derramado... sin embargo así, sabiendo su destino cercano y distante, todo y nada, el dragón, cierra sus ojos, lenta y gentilmente, cansado, sabiendo que no hay mas que esperar, para que este invierno que parece eterno solo llegue a su fin, y con sabia decisión, se recarga sobre si mismo, y colocando sus manos enfrente y su rostro lentamente dejándose caer, vuelve a su vigía meditabunda y a su profundo sueño, dando tiempo al deseo y soñando con la mañana del porvenir....
(Los dragones no se han extinto, tan solo que se han dejado de mostrar...)
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